Sabes que nos hace falta.
Otros cinco minutos para decírtelo al tiempo de los dos.
Qué despedidas ya las has tenido,
pero yo no la quiero.
jueves, febrero 26, 2009
sábado, febrero 21, 2009
Todo y nada...
Sobreactuaron los actores infelices de aquella obra infinita que ví en el aparatoso accidente... y fue allí donde se esfumaban sueños, escuchando el final de los relámpagos, estando a punto de llorar, con los labios mal pintados, zapatos desgastados, lágrimas dopadas y de sobra esos que se prestaban ilusos para perderse conmigo. No es necesario entenderlo. Gracias por la ingenuidad.
Nada esperaba de su venida...
Nada esperaba de su venida...
Todo lo esperaba.
miércoles, febrero 18, 2009
Querer
Quise salir corriendo,
quise gritartelo.
Quise besarte
y parar el instante.
Quiero decirtelo,
quiero... té.
quise gritartelo.
Quise besarte
y parar el instante.
Quiero decirtelo,
quiero... té.
Tú eres mi excusa.
Sólo tú.
sábado, febrero 14, 2009
Emociona.l. (L)
:: Si qUisiErãs sEr мi cHicŌ espEcTácUlö
(♥) pŌdrΐa rEĠãlArTE м¡ sŌnrisA iмpErмEãblE ::
jueves, febrero 12, 2009
Es totalmente extraño, eres tu.
Apareciéndote y cambiando todo. De ti lo sabía poco, pero ahora eso es un nada. Hoy te apoderas de mi, logrando que a partir de ya, el sentido no exista teniéndote lejos.
Eres como mi mitad perdida...
Te quiero, sin más.
(Sé que esta vez lo es. Lo sé.)
Apareciéndote y cambiando todo. De ti lo sabía poco, pero ahora eso es un nada. Hoy te apoderas de mi, logrando que a partir de ya, el sentido no exista teniéndote lejos.
Eres como mi mitad perdida...
Te quiero, sin más.
(Sé que esta vez lo es. Lo sé.)
//Magia es verte sonreír//
lunes, febrero 09, 2009
Soy parte de tu infancia,
creo que empece a conocer los látidos de amor por tu culpa,
¿te acuerdas? fuimos novios por un día.
No sé lo que te espera en el futuro, no sé el mío...
pero seguro me atraganto o me quedo sin voz;
no sé tus sueños, ni tus deseos,
ni los por qués de tus porqués,
creo que nunca supe el sabor de tus labios,
pero ahora no podría describir tus caricias,
porque antes eran cosquillas sin esperar estremecerme,
eran risotadas de emociones,
eramos niños, pero me encantabas.
No sé cómo suenan tus 'tequieros',
pero sé perfecto el olor de tus sonrisas, (confianza total)...
siempre me causó calosfríos tu mirada,
habra que ver si me abrazan tus palabras,
...
pero sabes, sé que en sueños eres bueno,
y esa sensación de tus cabellos perdiéndose entre mis dedos,
la sigo teniendo.
Con eso me basta para echarte de menos,
aunque no nos hayamos visto en años,
aunque tú ni lo imagines.
((me pararé en la esquina
a la que no vendrás
y diré las cosas que sé decir
y comeré las cosas que sé comer
y soñaré los sueños que se sueñan.))
sábado, febrero 07, 2009
jueves, febrero 05, 2009
CARTA DE ESCULAPIO A SU HIJO
CONSEJOS DE ESCULAPIO
¿Quieres ser médico, hijo mío?
¿Has pensado bien en lo que ha de ser tu vida? Tendrás que renunciar a la vida privada; mientras la mayoría de los ciudadanos pueden, terminada su tarea, aislarse lejos de los inoportunos, tu puerta quedará siempre abierta a todos; a toda hora del día o de la noche vendrán a turbar tu descanso, tus placeres, tu meditación; ya no tendrás hora que dedicar a la familia, a la amistad o al estudio; ya no te pertenecerás.
Los pobres, acostumbrados a padecer, no te llamarán sino en casos de urgencia; pero los ricos te tratarán como esclavo encargado de remediar sus excesos; sea porque tengan una indigestión, sea porque estén acatarrados; harán que te despierten a toda prisa tan pronto como sientan la menor inquietud, pues estiman en muchísimo su persona. Habrás de mostrar interés por los detalles más vulgares de su existencia, decidir si han de comer ternera o cordero, si han de andar de tal o cual modo cuando se pasean. No podrás ir al teatro, ausentarte de la ciudad, ni estar enfermo; tendrás que estar siempre listo para acudir tan pronto como te llame tu amo.
Eras severo en la elección de tus amigos; buscabas a la sociedad de los hombres de talento, de artistas, de almas delicadas; en adelante, no podrás desechar a los fastidiosos, a los escasos de inteligencia, a los despreciables. El malhechor tendrá tanto derecho a tu asistencia como el hombre honrado; prolongarás vidas nefastas, y el secreto de tu profesión te prohibirá impedir crímenes de los que serás testigo.
Tienes fe en tu trabajo para conquistarte una reputación; ten presente que te juzgarán, no por tu ciencia, sino por las casualidades del destino, por el corte de tu capa, por la apariencia de tu casa, por el número de tus criados, por la atención que dediques a las charlas y a los gustos de tu clientela. Los habrá que desconfiarán de ti si no gastas barbas, otros si vienes de Asia; otros si crees en los dioses; otros, si no crees en ellos.
Te gusta la sencillez; habrás de adoptar la actitud de un augur. Eres activo, sabes lo que vale el tiempo, no habrás de manifestar fastidio ni impaciencia; tendrás que soportar relatos que arranquen del principio de los tiempos para explicarte un cólico; ociosos te consultarán por el solo placer de charlar. Serás el vertedero de sus disgustos, de sus nimias vanidades.
Sientes pasión por la verdad; ya no podrás decirla. Tendrás que ocultar a algunos la gravedad de su mal; a otros su insignificancia, pues les molestaría. Habrás de ocultar secretos que posees, consentir en parecer burlado, ignorante, cómplice.
Aunque la medicina es una ciencia oscura, a quien los esfuerzos de sus fieles van iluminando de siglo en siglo, no te será permitido dudar nunca, so pena de perder todo crédito. Si no afirmas que conoces la naturaleza de la enfermedad, que posees un remedio infalible para curarla, el vulgo irá a charlatanes que venden la mentira que necesita.
No cuentes con agradecimiento; cuando el enfermo sana, la curación es debida a su robustez; si muere, tú eres el que lo ha matado. Mientras está en peligro te trata como un dios, te suplica, te promete, te colma de halagos; no bien está en convalecencia, ya le estorbas, y cuando se trata de pagar los cuidados que le has prodigado, se enfada y te denigra.
Cuanto más egoístas son los hombres, más solicitud exigen del médico. Cuanto más codiciosos ellos, más desinteresado ha de ser él, y los mismos que se burlan de los dioses le confieren el sacerdocio para interesarlo al culto de su sacra persona. La ciudad confía en él para que remedie los daños que ella causa. No cuentes con que ese oficio tan penoso te haga rico; te lo he dicho: es un sacerdocio, y no sería decente que produjera ganancias como las que tiene un aceitero o el que vende lana. Te compadezco si sientes afán por la belleza; verás lo más feo y repugnante que hay en la especie humana; todos tus sentidos serán maltratados. Habrás de pegar tu oído contra el sudor de pechos sucios, respirar el olor de míseras viviendas, los perfumes harto subidos de las cortesanas, palpar tumores, curar llagas verdes de pus, fijar tu mirada y tu olfato en inmundicias, meter el dedo en muchos sitios. Cuántas veces, un día hermoso, lleno de sol y perfumado, o bien al salir del teatro, de una pieza de Sófocles, te llamarán para un hombre que, molestado por los dolores de vientre, pondrá ante tus ojos un bacín nauseabundo, diciéndote satisfecho: "Gracias a que he tenido la preocupación de no tirarlo". Recuerda, entonces, que habrá de parecer que te interese mucho aquella deyección. Hasta la belleza misma de las mujeres, consuelo del hombre, se desvanecerá para ti. Las verás por las mañanas desgreñadas, desencajadas, desprovistas de sus bellos colores y olvidando sobre los muebles parte de sus atractivos. Cesarán de ser diosas para convertirse en pobres seres afligidos de miserias sin gracia. Sentirás por ellas más compasión que deseos. ¡Cuántas veces te asustarás al ver un cocodrilo adormecido en el fondo de la fuente de los placeres!
Tu vida transcurrirá como la sombra de la muerte, entre el dolor de los cuerpos y de las almas, entre los duelos y la hipocresía que calcula a la cabecera de los agonizantes; la raza humana es un Prometeo desgarrado por los buitres.
Te verás solo en tus tristezas, solo en tus estudios, solo en medio del egoísmo humano. Ni siquiera encontrarás apoyo entre los médicos, que se hacen sorda guerra por interés o por orgullo. Únicamente la conciencia de aliviar males podrá sostenerte en tus fatigas. Piensa mientras estás a tiempo; pero si indiferente a la fortuna, a los placeres de la juventud; si sabiendo que te verás solo entre las fieras humanas, tienes un alma bastante estoica para satisfacerse con el deber cumplido sin ilusiones; si te juzgas bien pagado con la dicha de una madre, con una cara que te sonríe porque ya no padece, o con la paz de un moribundo a quien ocultas la llegada de la muerte; si ansías conocer al hombre, penetrar todo lo trágico de su destino, ¡hazte médico, hijo mío!
¿Quieres ser médico, hijo mío?
¿Has pensado bien en lo que ha de ser tu vida? Tendrás que renunciar a la vida privada; mientras la mayoría de los ciudadanos pueden, terminada su tarea, aislarse lejos de los inoportunos, tu puerta quedará siempre abierta a todos; a toda hora del día o de la noche vendrán a turbar tu descanso, tus placeres, tu meditación; ya no tendrás hora que dedicar a la familia, a la amistad o al estudio; ya no te pertenecerás.
Los pobres, acostumbrados a padecer, no te llamarán sino en casos de urgencia; pero los ricos te tratarán como esclavo encargado de remediar sus excesos; sea porque tengan una indigestión, sea porque estén acatarrados; harán que te despierten a toda prisa tan pronto como sientan la menor inquietud, pues estiman en muchísimo su persona. Habrás de mostrar interés por los detalles más vulgares de su existencia, decidir si han de comer ternera o cordero, si han de andar de tal o cual modo cuando se pasean. No podrás ir al teatro, ausentarte de la ciudad, ni estar enfermo; tendrás que estar siempre listo para acudir tan pronto como te llame tu amo.
Eras severo en la elección de tus amigos; buscabas a la sociedad de los hombres de talento, de artistas, de almas delicadas; en adelante, no podrás desechar a los fastidiosos, a los escasos de inteligencia, a los despreciables. El malhechor tendrá tanto derecho a tu asistencia como el hombre honrado; prolongarás vidas nefastas, y el secreto de tu profesión te prohibirá impedir crímenes de los que serás testigo.
Tienes fe en tu trabajo para conquistarte una reputación; ten presente que te juzgarán, no por tu ciencia, sino por las casualidades del destino, por el corte de tu capa, por la apariencia de tu casa, por el número de tus criados, por la atención que dediques a las charlas y a los gustos de tu clientela. Los habrá que desconfiarán de ti si no gastas barbas, otros si vienes de Asia; otros si crees en los dioses; otros, si no crees en ellos.
Te gusta la sencillez; habrás de adoptar la actitud de un augur. Eres activo, sabes lo que vale el tiempo, no habrás de manifestar fastidio ni impaciencia; tendrás que soportar relatos que arranquen del principio de los tiempos para explicarte un cólico; ociosos te consultarán por el solo placer de charlar. Serás el vertedero de sus disgustos, de sus nimias vanidades.
Sientes pasión por la verdad; ya no podrás decirla. Tendrás que ocultar a algunos la gravedad de su mal; a otros su insignificancia, pues les molestaría. Habrás de ocultar secretos que posees, consentir en parecer burlado, ignorante, cómplice.
Aunque la medicina es una ciencia oscura, a quien los esfuerzos de sus fieles van iluminando de siglo en siglo, no te será permitido dudar nunca, so pena de perder todo crédito. Si no afirmas que conoces la naturaleza de la enfermedad, que posees un remedio infalible para curarla, el vulgo irá a charlatanes que venden la mentira que necesita.
No cuentes con agradecimiento; cuando el enfermo sana, la curación es debida a su robustez; si muere, tú eres el que lo ha matado. Mientras está en peligro te trata como un dios, te suplica, te promete, te colma de halagos; no bien está en convalecencia, ya le estorbas, y cuando se trata de pagar los cuidados que le has prodigado, se enfada y te denigra.
Cuanto más egoístas son los hombres, más solicitud exigen del médico. Cuanto más codiciosos ellos, más desinteresado ha de ser él, y los mismos que se burlan de los dioses le confieren el sacerdocio para interesarlo al culto de su sacra persona. La ciudad confía en él para que remedie los daños que ella causa. No cuentes con que ese oficio tan penoso te haga rico; te lo he dicho: es un sacerdocio, y no sería decente que produjera ganancias como las que tiene un aceitero o el que vende lana. Te compadezco si sientes afán por la belleza; verás lo más feo y repugnante que hay en la especie humana; todos tus sentidos serán maltratados. Habrás de pegar tu oído contra el sudor de pechos sucios, respirar el olor de míseras viviendas, los perfumes harto subidos de las cortesanas, palpar tumores, curar llagas verdes de pus, fijar tu mirada y tu olfato en inmundicias, meter el dedo en muchos sitios. Cuántas veces, un día hermoso, lleno de sol y perfumado, o bien al salir del teatro, de una pieza de Sófocles, te llamarán para un hombre que, molestado por los dolores de vientre, pondrá ante tus ojos un bacín nauseabundo, diciéndote satisfecho: "Gracias a que he tenido la preocupación de no tirarlo". Recuerda, entonces, que habrá de parecer que te interese mucho aquella deyección. Hasta la belleza misma de las mujeres, consuelo del hombre, se desvanecerá para ti. Las verás por las mañanas desgreñadas, desencajadas, desprovistas de sus bellos colores y olvidando sobre los muebles parte de sus atractivos. Cesarán de ser diosas para convertirse en pobres seres afligidos de miserias sin gracia. Sentirás por ellas más compasión que deseos. ¡Cuántas veces te asustarás al ver un cocodrilo adormecido en el fondo de la fuente de los placeres!
Tu vida transcurrirá como la sombra de la muerte, entre el dolor de los cuerpos y de las almas, entre los duelos y la hipocresía que calcula a la cabecera de los agonizantes; la raza humana es un Prometeo desgarrado por los buitres.
Te verás solo en tus tristezas, solo en tus estudios, solo en medio del egoísmo humano. Ni siquiera encontrarás apoyo entre los médicos, que se hacen sorda guerra por interés o por orgullo. Únicamente la conciencia de aliviar males podrá sostenerte en tus fatigas. Piensa mientras estás a tiempo; pero si indiferente a la fortuna, a los placeres de la juventud; si sabiendo que te verás solo entre las fieras humanas, tienes un alma bastante estoica para satisfacerse con el deber cumplido sin ilusiones; si te juzgas bien pagado con la dicha de una madre, con una cara que te sonríe porque ya no padece, o con la paz de un moribundo a quien ocultas la llegada de la muerte; si ansías conocer al hombre, penetrar todo lo trágico de su destino, ¡hazte médico, hijo mío!
Amistad hechizada
Tus ojos son dos ventanas
a un universo infinito,
tus labios, la tentación,
un pecado permitido.
Tu sonrisa es un milagro
que da a la vida sentido;
tu amistad, un gran regalo,
mi tesoro preferido.
Tu corazón es inmenso,
el más noble que ha existido,
acongoja al mismo cielo,
templa mis noches de frío.
Las estrellas se sonrojan
ante tu paso, Rocío,
creo en ti, creo en los sueños…
…un "déja vu", tuyo y mío.
a un universo infinito,
tus labios, la tentación,
un pecado permitido.
Tu sonrisa es un milagro
que da a la vida sentido;
tu amistad, un gran regalo,
mi tesoro preferido.
Tu corazón es inmenso,
el más noble que ha existido,
acongoja al mismo cielo,
templa mis noches de frío.
Las estrellas se sonrojan
ante tu paso, Rocío,
creo en ti, creo en los sueños…
…un "déja vu", tuyo y mío.
domingo, febrero 01, 2009
La Mexicana. Por Pablo Llorente Requena
Eres poetisa mexicana
en el devenir del amor,
que diagnostica
precisos tecnicismos
ante la mirada atenta
de la experimentación
poética que se rindea tus pies,
precisos versos que comienzan
su andadura en la senda
de la cura (con bata blanca)
frente al amor perdido.
Resucitas la voz de tu tierra
pues Chavela Vargas
entona tus poemas
desde la cúspide
del vendito silencio.

Gracias Pablo.
Y seguramente en cuanto tenga efectivo, tiempo...
Me voy a Españaaaaa!!
en el devenir del amor,
que diagnostica
precisos tecnicismos
ante la mirada atenta
de la experimentación
poética que se rindea tus pies,
precisos versos que comienzan
su andadura en la senda
de la cura (con bata blanca)
frente al amor perdido.
Resucitas la voz de tu tierra
pues Chavela Vargas
entona tus poemas
desde la cúspide
del vendito silencio.

Gracias Pablo.
Y seguramente en cuanto tenga efectivo, tiempo...
Me voy a Españaaaaa!!
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